18 de Noviembre de 2016.- Hay sucesos en la vida que cambian la forma en
la que vemos las cosas, golpes que nos hacen despertar a la realidad, que nos
hacen recordar la vulnerabilidad a la que estamos expuestos. Que amenazan con
destruirnos, que ponen en duda nuestra cordura y fuerza, nuestro valor y
nuestra fe. Golpes que nos hacen caer al suelo y nos obligan a levantarnos; nos
obligan a renacer, a replantearnos la realidad, las metas, lo que es
verdaderamente valioso para nosotros. Nos encontramos frente a frente con la
muerte, con lo inevitable que es, con la realidad de como cae y viene cayendo sobre
uno y no hay fuerza humana que pueda evitar su curso, nos aplasta, nos oprime,
devora a quienes amamos.
Y entonces nos toca ser una
estadística más, un dato, una fatal coincidencia. Y se agradece el hecho de que
no haya llegado mucho antes, y cuestionamos por que no pudo suceder mucho
después, pero sin embargo, sucedió hoy. Y aquellos últimos recuerdos se graban
como con hierro al rojo vivo calentado por fuego en la memoria, una quemadura
que no cicatriza ni deja de doler cuando se quiere revisar, que duele todo el
tiempo, que paraliza, que aterra pues parece que se anunciaba venir, que advertía
y se hacía anunciar, con voz tenue y siniestra.
Nos toca beber un trago muy amargo, el más amargo que nunca se halla
probado, y aunque no se desee, se debe dar a otros a probar ese mismo trago,
esa amargura que impregna no solo los sentidos sino la mismísima alma, que hace
que uno se levante por las noches con un sueño inquieto, que uno naufrague en
un mar de pensamientos y recuerdos cuando menos se espera y cuando menos se
debe, que uno viva con una sensación de no estar completo, o al menos,
cuestionando la realidad que vivimos, intentando comprobar si no ha sido un
sueño.
Y luchamos por vencer, y seguimos intentando hacer de modo normal lo que
compone nuestra vida, pero muy en el fondo sabemos, que eso ya no es posible,
que lo que era normal llego a su fin el día que vimos partir a quien más
amábamos.
Primero que nada me permito felicitarte por el BLOG, espero que decidas comenzar a escribir en él cotidianamente,
ResponderBorrarLeí el texto con atención y no pude evitar que las lagrimas decidieran aliviar un poco la sensación que comparto contigo, gran amigo y compañero de clase. Solo puedo decirte que seas fuerte, que busques al señor, al fin que... ¿quienes somos para cuestionar las decisiones del "jefe"; allá arriba?, ánimo y quiero que sepas que en mi tienes un amigo, te respeto y admiro profundamente Dilan,
Abrazos!
Buenos días Dyla, felicidades por tu blog y escribes muy fluido, sigue adelante, me quedo con la frase de "Y luchamos por vencer...".
ResponderBorrarDylan
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